He aquí un oasis de tranquilidad en la misma isla donde la algarabía nocturna es un credo seguido a pies juntillas por gentes de todo el mundo. Esto es otra cosa. Otra Ibiza. Los muros de piedra desnuda de una casa payesa anterior al siglo XIX se alzan níveos en una finca de pinos, algarrobos, higueras y olivos milenarios. Nada desentona: ni el apacible entorno ajardinado, ni el azul sincero de la piscina ni las habitaciones, resueltas con armonía y elegancia mediterránea. Merece la pena detenerse en algunas de ellas. ¿Nos acompañas?
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